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miércoles, 19 de diciembre de 2012

AUSTRALIA. Melbourne,Great Ocean Road, De Melbourne a Brisbane, Sydney.


AUSTRALIA

Para el que no lo haya visto aquí esta el trailer de este capítulo.

http://youtu.be/1tHi8BfurYE



No era la intención de este blog, ser el libro gordo de Petete, ni tampoco ser una referencia en Geografía e Historia, pero nunca esta de más dar unas pinceladas de los sitios por los que vamos pasando para entender un poco más su realidad. 

Australia, un país tan exótico para los españoles y a la vez tan desconocido. La historia de los australianos es reciente. No así la historia de sus tierras y sus primeros habitantes, los aborígenes. Se piensa que los primeros asentamientos humanos en Australia llegaron hace unos 50.000 años desde el sureste de Asia. Eran tribus de cazadores-recolectores y de gran espiritualidad.
Aunque se piensa que hubo varios avistamientos de esta tierra por parte de franceses, españoles y holandeses, fue en 1770 cuando el capitán James Cook desembarcó en estas tierras y las reclamaría como territorio británico. Años más tarde, este primer desembarco dio lugar a una colonia penitenciaria. Si habeis oído bien, era un país-carcel, y trajeron a la flor y nata de los presos procedentes de Gran Bretaña para colonizar. Más adelante, los ingleses inundarían estas tierras de exploradores, agricultores, ejército, etc. Así se fueron fundando los mayores asentamientos, con base en las principales ciudades del país.

Y qué pasó con los verdaderos habitantes de australia, los aborígenes? Estos fueron expulsados de sus tierras sin contemplaciones y en Tasmania, por ejemplo, fueron exterminados. Muy pocos aborígenes fueron integrados en el flujo colonial. Sus estructuras trivales, su cultura y sociedad se vieron reducidas y apartadas en reservas. A día de hoy, la mayoría de los aborígenes viven en el Desierto Central y en el Territorio del Norte, Parque Nacional de Kakadu.
Eso sí, puedes encontrar artículos aborígenes en cualquier tienda de souvenirs de Sydney, Brisbane,etc. El dinero va para ellos? LO DUDO!

Para mejor información, ya sabéis.., internet. También os recomiendo un libro que me leí hace tiempo: “Voces del desierto” de Marlo Morgan. Disfrutaréis de su lectura. Muy bien, muy bien, gracias por vuestra atención.., sigamos...

1-. Melbourne.

Si recordáis del anterior capítulo, desde Filipinas tuvimos que volar a Singapur para desde allí coger avión hacia Australia. Después de una escala en Kuala Lumpur, nuestra llegada al gran continente estaba prevista para las 12:30h de la noche pero nos avisaron que el vuelo saldría con 3 horas de retraso con lo que, finalmente, llegamos a Melbourne sobre las 03:30h de la madrugada, y al Backpakers (albergue para mochileros) una hora más tarde.
Dormimos poco porque a las 10:00h nos daban la patada del albergue. Dejamos aquí las mochilas y fuimos a dar una vuelta por el barrio y desayunar. Después cogeríamos las mochilas e iríamos a buscar la furgo que habíamos alquilado como medio de transporte y alojamiento para nuestro periplo por Australia.
Nuestra primera impresión de Melbourne fue más que buena. El sitio en el que dormimos está ubicado en el barrio de South Yarra y ya, desde el primer paseo que dimos por sus calles, nos encantó. El barrio es muy agradable. Muy alternativo, con tiendas estilo vintage, bares y restaurantes muy distintos unos de otros y muy auténticos a su vez. Un rollo muy europeo. No hay edificios altos. Las calles son anchas , muchas de ellas con graffitis que decoran sus fachadas y la gente, paseando sonriente con una expresión de lo más agradable reflejada en su cara. No hay prisas, todo el mundo va a su ritmo pero sin correr. A los 30 minutos de pasear por estas calles ya habíamos decidido que nos encantaría trabajar y vivir una temporada en este lugar, aunque es algo que no es fácil por su estricta política de visados para trabajar.

Barrio de South Yarra. Melbourne
Barrio de South Yarra. Melbourne.


Volvimos a por las mochilas y nos fuimos a recoger la furgo. Nos habían avisado que la que habíamos reservado había sufrido un accidente, pero que por el mismo precio nos daban una de categoría superior. Una Toyota Hiace, con muy buena pinta, con cocina, microondas (que sólo utilizamos para hacer palomitas), fregadero y todo el menaje que se pueda necesitar para la vida ambulante. Primero la cogió Carlos que manejaba mejor aquello de conducir por la izquierda. 

La fregoneta.


Como íbamos a quedarnos unos días por Melbourne, lo mejor fue buscar un camping que tuviera buena comunicación con el centro y dejar ahí la furgo parada. El camping estaba a las afueras pero muy bien comunicado por tranvía. Además, fue subidos al tranvía donde descubrimos distintos barrios que sería por donde más nos íbamos a mover. Eso sí, los precios del transporte público son auténticas cuchilladas. Siete dolares con cuarenta cada uno, por un billete que vale para todo el día, y que además incluye los desplazamientos en autobús. 
Tranvía por Santa Kilda.
Catedral de St Paul.
Estación de Tren de Melborne.
Fed Square.

Estuvimos en el centro de la ciudad, visitamos el Museo de Arte de Melbourne, Fed Square (La plaza de la Federación)  y Queens Market (El Mercado de la Reina, lugar muy animado donde puedes encontrar desde frutas y verduras, carnes de canguro y cocodrilo, y gran variedad de pescados y mariscos). Para cenar y tomar algo, nos movíamos por la calle Brunswick, en un barrio que está a unos cuantos kilómetros al norte del centro y, también fuimos a Santa Kilda, un barrio muy tranquilo y muy agradable. Lo definen como el barrio bohemio de Melbourne, con sus casas y restaurantes frente al mar. Aquí está la playa urbana de Melbourne, aunque no hacía tiempo para disfrutarla. Es también en Santa Kilda donde los domingos hay un mercadillo de artesanía, digamos que pensado para bolsillos alegres y abultados. 

Próxima estación: Pacifico. Correspondencia con Linea 1.
Playa de St Kilda.
Parque de Atracciones.
St Kilda.
Dgeridoos en el mercadillo de St Kilda.
Palais Theatre. St Kilda.
Melbourne es una ciudad cara. De hecho acostumbrados a los precios asiáticos, cada vez que pagamos algo nos escocían los bolsillos. Sobre todo el alojamiento, la comida y el ocio, es decir.. todo! Para hacernos una idea: Una comida normalita para 2 personas, bebiendo agua del grifo (que es algo que aquí te ponen sin pedirla) cuesta alrededor de 20-30 dólares. Una cerveza en un bar, alrededor de 7-8 dólares. En la tienda cuesta 3,5 dólares. El tabaco, bueno, lo del tabaco es de risa. Un paquete de tabaco cuesta 15 dólares, pero agárrense en sus asientos, un paquete de tabaco de liar , cuesta la friolera de 34 dólares!!! Aquí no fuma ni pirri. Y bueno, el tema de los tomates... A casi 10 dólares el kilo!! (Es para pensarse seriamente la exportación de los tomates del huerto de mi padre). Lo bueno es que también ofrece muchos servicios de forma gratuita, museos, teatro, festivales de música.

Tomates a 10 pavos.
Vete tú, que ahora Boy George.
Fed Square. A que no sabéis quién es el que saluda. 
Sky Line. Melbourne
National Gallery. Melbourne.
National Gallery. Melbourne.
St Paul Cathedral.

Después de pasar unos días muy amenos en esta vibrante ciudad, nos dispusimos a emprender carretera y manta. Y sí, en este capítulo tenemos que cambiar la mosquitera por la manta. Llegamos a Melbourne siendo primavera y aquí el clima en esta estación es fresca. Además Melbourne es famoso por sus cambios climatológicos en un mismo día. Efectivamente, nosotros lo comprobamos. Pasabas de la lluvia al sol y del frío al calor en cuestión de minutos. 

Ahora hace frío.
Ahora hace calor.

Pues como iba diciendo, que carretera y manta y a comenzar el recorrido de la Great Ocean Road, carretera famosísima que ha salido en muchos anuncios y que va bordeando la costa en el sur del estado de Victoria. También se le conoce como la costa del surf.

2-. Great Ocean Road

Aquí comienza la verdadera Road Movie. Las cosas cuando viajas de esta forma se simplifican a lo siguiente: dormir, comer, y aseo personal. El orden ya que se lo dé cada uno. En el tema aseo entra tanto la del cuerpo como la de la ropa. Por lo que más o menos te tienes que ir preocupando de eso, lo demás pasa a un segundo plano. Esos son los 3 pilares de la supervivencia. Obviamente, alguna mente sucia estará pensando que lo de la limpieza no es indispensable. Para nosotros si.  Por lo que en este particular viaje, nuestras prioridades pasaban por comprar víveres en supermercados con oferta, encontrar sitios donde poder pernoctar sin pagar, y aprovechar nuestras estancias en los camping para recargar la batería, lavar ropa y ducharnos. 

La Great Ocean Road (o carretera del Gran Océano) es, por así decirlo, como nuestro camino de Santiago (mucho más corto). Sólo que aquí cuando llegas al final no te encuentras a un apóstol, sino a 12 (después lo explicaremos en detalle). Así que, como los caracoles, con la casa a cuestas cogimos carretera hacia el primer destino. Desde Melbourne, Autopista 21 hasta Geelong. Aquí hicimos una compra y continuamos hasta Torquey, un pueblecito que parece sacado de la película “El show de Truman”. Casas modernas, bajas, pequeños restaurantes, parques, barbacoas públicas por todos lados y lo mejor para los viajeros ambulantes, baños públicos por doquier, con duchas con agua caliente y lo más importante, limpios. Todo demasiado perfecto. Visitamos la playa de Torquey que se llama Surfers Beach. Cerca de aquí esta la Bell Beach donde Patrick Swayze es encontrado por Keanu Reeves al final de la película “Le llaman Bodhi”. En esta playa se celebra todos los años el campeonato del mundo de surf Rip Curl y es una de las playas más famosas por sus olas a derecha (parecemos entendidos en surf, y la única tabla que domino es la de multiplicar del 1). 

Surfers Beach.
Barbacoas públicas. Torquay.
Bell Beach. Torquay.
Clases de Surf en la Surfer Beach. Torquay.
Decidimos aparcar la furgo en un parking de la Surfers Beach justo al lado de los baños. Un sitio muy tranquilo y que en verano a reventar. Aquí los niños nacen con una tabla de surf debajo del brazo y pudimos observar durante las mañanas diferentes grupos intentado capturar olas o iniciándose. Aquí los lugareños en cuanto tienen un rato libre se lanzan al agua. Y no me extraña. En Australia otra cosa no, pero olas tienes hasta en los charcos. Después de Torquey seguimos carretera hacia Lorne, nuestra siguiente parada. La carretera es espectacular, lenta, no puedes ir a más de 65 y la mayoría del camino vas a 40, con mucha curva, y con unas vistas inigualables. Por ello está muy transitada, además de por turistas que la recorren en furgo o caravana, por grupos de moteros al mejor estilo Harley Davidson. 

Lorne.
Lorne.

Por lo visto ha habido como en todos lados una gran burbuja inmobiliaria por esta zona. Antes eran pequeños pueblos de pescadores y ahora todo dios quiere tener su segunda casa por aquí. Es tal el desarrollo turístico, que hay mucha tienda de souvenir, de surf, pero ni una sola donde poder comprar una lechuga.


De camino a Lorne hicimos un alto para tomar un café en la Cueva del Koala. Habíamos leído que era fácil ver alguno por los alrededores y allá que fuimos. Los primeros que vimos estaban muy altos, pero igualmente nos alucinaron. Después, vimos otro par más cerca. Qué animales más achuchables. Dan ganas de llevarse uno a casa. En este lugar, además de los koalas, puedes contemplar decenas de pájaros de todas clases, mucho papagayo, loro, y pavos. 

Maribel haciendo el Koala.
Colorido Pajaril.
Koalas en el cielo.
Continuamos camino, pero la fiesta del koala aún no había comenzado. Nos adentramos en un parque natural, Cape Otaway, y a los pocos kilómetros vimos un par de coches parados en la cuneta y gente disparando frenéticamente sus cámaras de fotos. Alucinante. Decenas de ellos colgados de sus eucaliptos y mirándonos como diciendo, “esta gente es tonta”. Aquí sí que los podíamos contemplar de tú a tú. A escasos centímetros podías ver sus caras. Y como cuando miras un pez en una pecera que al poco se te pone cara de salmonete, después de unos minutos mirando koalas, nuestras caras eran como las de su especie. Maribel no paraba de decir que quería abrazarlos. 

Los Koalas más famosos de su pueblo.
Ven que te quiero adoptar.
Koala.
Doscientas cincuenta fotos después abandonamos el lugar en dirección a Apollo Bay, donde pasaríamos la noche al lado de una playa. Noche movidita, por cierto. Por el viento que azotaba la furgo y que hizo pensar a Maribel que íbamos a volcar. Pero era más el efecto sonoro que otra cosa. Otra vez tuve que hacer el papel de fuerte, salir, comprobar que no había ningún huracán alrededor, y tranquilizarle para seguir durmiendo en la medida de lo posible.

Comenzábamos nuestro cuarto día por la Great Ocean Road y apareció nublado, ventoso y lluvioso. Toda una pena, pues era el día de contemplar la guinda del camino. La llegada a los 12 apóstoles. Paramos en un pequeño café a almorzar antes de llegar. Los 12 apóstoles son unas formaciones rocosas de piedra caliza, resultado de la erosión que provoca el mar en los acantilados. Realmente ni son 12, ni son apóstoles, pero los australianos, muy listos a la hora de hacer marketing turístico, decidieron darle un nombre más sonoro a estas formaciones para atraer personal. Al principio se llamaban los apóstoles, pero la deformación llevó a llamarle los 12 apóstoles. No te molestes en contarlos, a veces hay más , a veces hay menos, pero no hay que ser tan exactos, simplemente hay que contemplarlos y disfrutarlos. Una auténtica maravilla de la naturaleza. 


Algunos de los 12 apostoles en día nublado.
Pingüino hembra en los 12 apostoles.
Pareja de Pingüinos.
12 apostoles. 
Durante el camino vas pasando por diferentes puntos de parada para ver diferentes formaciones. Está todo muy cuidado y bien indicado. Demasiado. No hay lugar para la improvisación. Todo está señalado, delimitado, marcado, y vallado para que las ovejas no se salgan del redil. Pero tiene su explicación. Forma parte de un parque natural protegido y de otra manera no estaría tan bien mantenido. 



Después, decidimos hacer noche en un camping en Port Campbell que, además de una ducha caliente, una cocina más amplia, un gran salón con tele y conexión a internet, nos permitía cargar la batería de la furgo y el depósito de agua. Un camping muy agradable y muy cómodo. De hecho el destino quiso que volviéramos, aunque no por decisión propia sino más bien forzada. Pero lo contaremos más adelante.
De Port Campbell llegamos al final de la ruta, la ciudad de Warmambool. Nada reseñable excepto por sus espectaculares playas desde donde en algunas épocas del año se pueden avistar ballenas. Compra de víveres en los almacenes Woolworths (Los mercadonas australianos) y a deshacer el camino andado, pues debíamos seguir carretera hacía el norte.



Dormimos en Torquay y al día siguiente después de pasar Melbourne, paramos a hacer noche en Albury. Después de cenar, nos apeteció ver una película. Atención! Momentazo. Cuando vamos a echar mano del ordenador, tachan.. no aparece. De repente la tensión se hace masticable. Dónde está? Una imagen me vino a la mente. Hacía 2 días que no habíamos echado de menos la herramienta para escribir este blog. La última vez que lo usamos fue en Port Campbell. Lo sacamos por la mañana mientras desayunábamos en la cocina del camping. Yo lo dejé encima de una silla y al acabar salimos pitando. Allí se quedó. Eran las 11 de la noche y no había posibilidad de llamar al camping para comprobar si seguía allí. Dios mio! No sólo por el valor material del mismo, que lo tiene, sino porque dentro estaba escrito el último capítulo de Carretera y Mosquitera y, además, teníamos todas las fotos del viaje. “Bueno, vamos a dormir y mañana será otro día”. Al levantarnos, después de recoger, lo primero fue buscar un teléfono público y llamar al camping. Los dedos cruzados, los nervios aflorados. Se pone una mujer al teléfono y después de explicarle que habíamos estado allí hacía un par de días, le preguntamos si por casualidad, se habían encontrado un ordenador portátil finito con una manzana mordida en el centro. Momentos angustiosos. Sobre todo, porque en principio la mujer nos dijo que no tenía ni idea pero que iba a preguntar a su compañera. 15 segundos como 15 días después la mujer nos dice con una amplia sonrisa (imaginamos) que sí, que allí está, y que tenemos mucha suerte. Fiuuuuuu!!!!. El problema era que el Port Campbell estaba a más de 650 kilómetros de donde nos encontrábamos. Como si nos lo hubiéramos dejado en Barcelona y estuviéramos en Madrid. No pasa nada. A conducir toca. Todo sea por la continuidad de este blog y por el respeto que le tenemos a los lectores. Así que tuvimos que deshacer lo andado y por la tarde llegamos de nuevo a Port Campbell. Y como no hay mal que por bien no venga, resultó que al día siguiente, el ser supremo que coordina azarosamente los designios del destino, nos compensó con creces la molestia del viaje. Nos regaló un día soleado como todavía no habíamos disfrutado en el viaje australiano. Qué significa esto? Pues que pudimos volver a contemplar los 12 apóstoles , esta vez con una luz excepcional. Comparad las fotos de antes con las de ahora. 

Entrada a los 12 apostoles.
Nada que ver con la del pingüino.
12 apostoles con día de sol.
Más 12 apostoles.
y más..

Además, volvimos a pasar por el parque natural para ver de nuevo los koalas, y otro regalo. Uno de los ejemplares bajó de un eucalipto y nos regaló las mejores fotos que se pueden tener de este animal. Después de la llorera de Maribel, porque se quería llevar uno a casa, seguimos...

Koala posando 1.
Koala posando 2.

La cosa no acaba aquí. Durante el camino, habíamos visto muchos canguros pero, desgraciadamente, todos muertos, atropellados al intentar cruzar la autopista. Ninguno vivo. Pero en Anglesea, habíamos leído que existía un campo de golf donde era fácil ver alguno pastando. Y efectivamente, allí nos encontramos un montón. En definitiva, que al final fue toda una suerte tener esta “cabeza de chorlito”.
Pose de la madre con la cría.
Aledaños del campo de golf de Anglesea.
Aledaños del campo de golf de Anglesea.
Este ya se estaba mosqueando.

Y después de uno de los mejores días del viaje australiano, pasamos de nuevo noche en Torquay, en nuestro parking preferido.

Un inciso antes de continuar con la Road Movie. La primera cosa que llama la atención de Australia es su inmensidad. En todo. Todo es a lo grande. Enormes carreteras, enormes playas, enormes ciudades, enormes camiones. Las raciones de comida son a lo grande. Las hamburguesas son a lo grande. Pero es que, cuando entras en un supermercado todo sigue siendo a lo grande.  Los botes de crema. Hasta los yogures. Teníamos que usar cucharón para comerlo.

Más que un yogurt parece una yogurtera.


3.- De Melbourne a Brisbane.

Seguimos carretera. El siguiente destino sería Camberra. La desconocida capital de Australia, con la que todo el mundo se equivoca cuando cae como pregunta en el Trivial. Esta ciudad fue concebida para situar la capital administrativa. Está geográficamente situada entre las 2 principales contendientes , Sydney y Melbourne. El proyecto fue ganado por un arquitecto norteamericano y la ciudad se creó partiendo de cero. La arquitectura de la ciudad es totalmente trazada con escuadra, compás y cartabón. En ella visitamos el parlamento, un enorme lago situado en el centro donde todos sus habitantes aprovechan las tardes para correr o montar en bici. En Camberra están los tribunales constitucionales , los archivos y las bibliotecas Nacionales. Una ciudad llena de funcionarios donde se respira un aire tranquilo. Digamos que no es la alegría de la huerta y sinceramente no merece una segunda visita, pero se nota una enorme calidad de vida. 


Parlamento. Camberra.
Lago de Camberra.



Después de Camberra hicimos parada en Anna Bay, nada que contar porque, aunque es un sitio con una enorme playa, nos diluvió. Así que decidimos seguir hacía el norte en busca de mejor tiempo, y parar 2 noches en Port Macquarie para descansar la furgo y nosotros. Porque no veas cómo traga la jodida furgoneta. Es gasolina y cada depósito son unos 70 dólares. Otra cosa interesante es que aquí sí hay competencia en el precio del combustible. La horquilla variaba enormemente. Había diferencias de hasta 30-40 céntimos de dólar por litro según en la estación en la que repostaras. (Igualito que en España!)
Port Macquarie es una ciudad pequeñita con mucha casa baja y lugar de vacaciones. Es famosa por sus playas que son las mejores para practicar el Body Board. Además, tiene un rompe olas donde los visitantes daban rienda suelta a su imaginación creativa y las decoran con todo tipo de motivos. Aquí tenéis algunos ejemplos.



No podía faltar.
Vista de Port Maquaire. 
Capital del Body Boarding.
Y mucho skate también.
La niña y sus columpios.
A punto de ser devorada por un tiburón.



Aprovechamos que además había una wifi gratuita en el centro cívico de la ciudad para actualizar el blog, mandar algunos correos y leer la prensa española. Hemos llegado a la conclusión que el acceso a internet de forma gratuita es inversamente proporcional al nivel económico del país. En Nepal, que es infinitamente mucho más pobre, te conectabas en cualquier lugar. Aquí, en casi todos los sitios tenías que pagar 10 dólares por una hora de wifi, lo cual nos parecía una auténtica barbaridad.

Continuamos camino hacia el norte en busca de buenas temperaturas. Hablando con un hombre, sueco de nacimiento , jubilado y que llevaba más de 30 años en Australia, nos comentó que compráramos un mapa con los camping de los parques naturales. En los parques naturales australianos, suele haber zonas de acampadas gratuitas o semi-gratuitas. Así hicimos, y la siguiente parada la hicimos en uno. Yuraygir National Park. Auténticamente espectacular. Toda una playa alucinante absolutamente desierta donde aparcamos nuestra morada motorizada. Lo mejor, que la zona de acampada es gratis. Como nos gusta esta palabra a los españoles: GRATIS!


Buenos días por la mañana!
Playa de Yugaygir National Park.
Playa de Yugaygir National Park.




Carretera hacía la Gold Coast (La Costa de Oro). Playas largas, muy largas, con olas grandes, muy grandes. Eso sí, edificios altos, muy altos. Y también unas casas que tienen su propia playa privada. Y mucho surfero, de hecho una de las playas se llama Surfers Paradise (el paraíso de los surferos). Vamos, que tampoco es que se escoñan mucho en buscar nombres originales a las playas. Aquí decidimos pasar un par de días en un par de sitios. Nada demasiado reseñable. Aprovechamos para descansar y hacer la vida del playero.



Casas con su propia playa-embarcadero.
Playa de la Gold Coast.
Gold Coast.


El siguiente y último destino en dirección norte iba a ser Brisbane. Una ciudad muy interesante. Buen clima, no demasiado grande, con oportunidades laborales y mucha mezcla. Quizás mucho más cosmopolita que el resto. Se nota mucho la influencia asiática. Está lleno de restaurantes japoneses, vietnamitas, tailandeses. Ciudad agradable para pasear, con bastante ambiente musical y nocturno. Otro sitio bueno para vivir. Aquí comenzaba a oler a Navidad. Árboles, muchos Papa Noel sin barbas postizas sino auténticas. Choca ver este ambiente navideño en manga corta y chanclas. La verdad es que no le va nada. La navidad es frío, nieve y chimenea. Ahora, que tuvimos la suerte de culo. Brisbane es una ciudad con más de 300 días de sol al año. A nosotros, después de llegar, no nos paró de llover en 2 días. Así que lo que en principio teníamos pensado como un sitio donde pasar calor y tomar el sol, se convirtió en un par de días de chubasquero y vida recogida. No pasa nada, de todo hay que disfrutar. Así que decidimos desandar de nuevo el camino con destino a Sydney. Lugar donde deberíamos hacer la entrega de la furgoneta y desde donde volaríamos rumbo al siguiente destino, aún desconocido.


King George Square. Brisbane.
King George Square.
King George Square. Brisbane.
Peace, Love and Joy.
Queen Street Mall. Brisbane.
Queen Street Mall. Brisbane.
Saliendo del colegio. 
Skyline de Brisbane.
Grafitti.

Camino de vuelta, poco que contar. Muchos kilómetros y pasamos prácticamente por los mismos sitios. Y llegó el día de la entrega de la furgo. Teníamos que limpiarla por dentro y por fuera y tirar los restos de comida sobrante. Dormimos la noche anterior a las afueras de Sydney. Después de pulir y dar brillo emprendimos camino hacia el sitio donde debíamos entregar la furgo. Todo iba sobre ruedas, hasta que necesitamos parar en una gasolinera para repostar. Estábamos a menos de 20 km del destino. Cuando acciono la palanca para abrir la puertecita del depósito de la gasolina, clon!, suena a roto. El cable tiene pinta de estar partido. “Bueno, voy a intentar abrirlo por mi cuenta”. Pero ni somos Mac Giver, ni tenemos herramientas apropiadas, así que después de intentarlo de varias maneras, pedir ayuda en la gasolinera y demás, decidimos llamar a la agencia para ver qué debíamos hacer. La solución que nos dio la agencia era sencilla, simplemente que buscáramos un taller mecánico y que les pidiéramos que nos lo abrieran. El problema era que no teníamos mucha gasolina para continuar. Pero encontramos un taller no muy lejos, nos salió un chaval la mar de simpático y nos la abrió en un periquete. Repostaje y a entregar la furgo. Y con toda la pena del mundo nos despedimos de la que fue casa y coche durante un mes. “Hasta la vista Toyota Hiace, te has portado como una campeona!”

Habíamos reservado en un Backpackers para dormir. Porque no veas como atizan aquí con los precios del alojamiento. Aún así nos costaba una habitación doble, con baño y ducha compartida 90 dólares australianos. Pero bueno, como lo tenemos ya más que asimilado, pues es lo que toca. Lo que te ahorras en un sitio te lo dejas en otro. La zona de los Backpakers, Kings Cross, está justo en la zona golfa de Sydney donde había una vida de lo más ajetreada tanto por el día como, sobre todo, por la noche.
Y, qué hay que ver en Sydney? Pues hombre bastantes cosas. La Opera House por supuesto, donde hicimos 3 millones y medio de fotos. Pero también paseos por la Bahía, el barrio antiguo “The Rocks”, los muelles. No nos hizo buen tiempo para visitar las playas de Bondie. Sydney es una ciudad bastante normal, parecida a cualquier otra de las que estamos acostumbrados en Europa o America. Salvo la parte de la bahía el resto es muy previsible. Además se nota que es mucho más grande que ninguna y con todas las desventajas que eso conlleva, tráfico, prisas, etc. Está bien, pero nos seguimos quedando con Melbourne y después con Brisbane en nuestra lista de ciudades australianas.
Opera House.
Skyline de Sydney.
Jardín Botánico de Sydney.
Harbour Bridge.
Estos son los pocos aborígenes que te puedes encontrar en Sydney.
Pose con el Opera House.
The Rocks.
The Rocks.
Centro de Sydney.
Torre de comunicaciones.
Barrio comercial.
Centro Comercial.
Grafitti.


Bueno, y qué más, pues.., que teníamos que decidir para dónde tirar. Lo natural hubiese sido ir a Nueva Zelanda, país que a mi siempre me ha llamado la atención. Pero la verdad es que habíamos pasado frío y lluvia en Australia, y Nueva Zelanda iba a ser aún bastante peor. Al estar más al sur y más cerca de la Antártida, las temperaturas son apropiadas para los pingüinos. Y nosotros somos más gamba a la plancha. Además, habíamos recibido la noticia de que era muy probable que comenzara a trabajar en Enero por lo que el tiempo por primera vez, iba a ser preciado. Teníamos que decidir y, finalmente, optamos por Vietnam. Compramos un billete vía Kuala Lumpur y para allá que íbamos nosotros como pollo sin cabeza. Me dió por mirar el tema de la visa, pero la conexión en nuestro Backpakers era de pena, y lo poco que pude sacar en claro, era que se podía obtener a la llegada. ERROR!!! Cuando llegamos al aeropuerto de Sydney para volar hacía Ho Chi Min, la azafata de Air Asia nos pregunta si tenemos la carta de autorización para la visa. “Carta? Qué carta? Tenemos una baraja, de poker”. La pobre mujer que yo creo que estaba más afectada que nosotros, nos explicó que para entrar en Vietnam, tenemos que pedir una carta por internet que tarda 2 días en ser recibida. Y esa carta la tenemos que imprimir para poder entrar al país. Así que nada, nos dicen que bueno, que podemos volar a Kuala Lumpur y desde allí tramitarla. No nos hacía mucha gracia volver a Kuala Lumpur y tener que pasar allí varios días, ya que era fin de semana. Pero bueno, volamos a Malasia y al llegar al aeropuerto, decidimos que no, que aquí no nos quedamos, que la ciudad es muy cara, sobre todo el alojamiento y que cambiamos los planes. La idea inicial era empezar viaje en Vietnam, pasar por Laos, Camboya y terminar recorriendo la parte norte de Tailandia, que en su día nos la saltamos. Pues nada, empezamos el viaje al revés. Nos vamos a Bangkok y de ahí a Chiang Mai. Nada más llegar al aeropuerto, pudimos comprar un billete barato hasta Bangkok y pasar una noche allí antes de partir en tren hacía el norte. Pero, para todo esto ya habrá tiempo en el próximo capítulo.. de Carretera y Mosquitera. 

Aquí os dejamos el popurrí de fotos varías y curiosas.
Hasta pronto!


Parece que le ha saltao una china a la luna.
Vino AC/DC. Estos si que son grandes.
Embarcadero en Geelong.
Peligro, Piezas de Tetris caen del cielo!
Peligro Avestruces cruzando.
Dios Mío! Rick Asley esta vivo!
Promoción de viajes a España. Tomatina.
Iglesia reciclada a Club Musical. Tiene que sonar como Dios.
La típica.
Paisaje primaveral.
La barbacoa, la barbacoa.
Ojito con el cartel del festival. Ecléctico.