Para continuar recopilando historias que escribir en este blog, continuamos nuestro particular camino, de Melaka a Singapur, carretera y autobús. Nuevo país, y como no, nueva frontera. Lo nuestro con las fronteras no tiene desperdicio. Como viene siendo habitual, nos volvieron a retener en la frontera con Singapur (de los que íbamos en el bus, sólo a Carlos y a mi) . Esta vez fue de lo más absurdo. Cuando nos piden los pasaportes nos dicen que nos apartemos a un lado y esperemos. Al cabo de un buen rato, nos viene un poli y nos dice esa frase tan cinematográfica de : "Acompáñenme". Nos llevan a una sala y, nos invitan a sentarnos y a esperar. "Vale, es lo que estamos aprendiendo, a esperar..". Después nos van llamando uno a uno por separado. Nos meten en una sala, nos revisan por tercera vez el pasaporte y nos preguntan (en perfecto español) si hablábamos inglés. "Bueno, parece que nos van a interrogar", o eso pensamos al preguntarnos si sabíamos inglés. Pero no, después de esto, no nos vuelven a dirigir la palabra. Entonces, "para qué quieres saber si sabemos inglés?". Enigma sin solución. Simplemente, comprobaron datos y, después de una media hora, nos dejaron marchar. Conclusión: el autobús en el que íbamos se fue sin esperarnos. Menos mal que teníamos las maletas con nosotros y el resguardo del billete. Buscamos un autobús de la misma compañía que, casualmente, pasaba por allí, le enseñamos los resguardos, le explicamos que su "compi" se había ido a la francesa, y el hombre riéndose, nos dijo,"Si si, pasad, no hay problema". Todo un sin sentido fronterizo pero, finalmente, logramos llegar a Singapur.
Nos alojamos en un hotelito, en el barrio de Geyland, el barrio rojo de Singapur. (Lo de rojo es anecdótico, pues salvo un trozo de la calle donde sí puedes ver a alguna señorita de compañía, lo demás es un barrio normal). La habitación era del país de Liliput, nos teníamos que tirar a la cama nada más entrar por la puerta y, para cuadrar las mochilas en los pasillos, tenías que jugar antes un par de partidas al tetris. Pero el barrio tenía alma. Geyland está lleno de sitios para comer, beber y vivir. Desde aquí hay buses y metro y llegas a las zonas de interés en muy poco tiempo. Después de patearnos el centro, descubrimos que fue un acierto alojarnos en esta zona. Muy pocos extranjeros y mucha vida en la calle.
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El primer día teníamos deberes que hacer. Seguíamos con nuestro particular culebrón del visado de 60 días para Indonesia. Esta vez, eso sí, cubiertos de arriba a abajo, para no escandalizar a nadie. Cogimos el bus para llegar a la zona de la embajada. En el trayecto ya comenzamos a darnos cuenta de qué país estábamos visitando. Aquí hay mucho "power". Esta ciudad poco tiene que ver con lo que habíamos visto hasta ahora. Decenas de rascacielos y centros comerciales hasta cansarte la vista. En la embajada, por fin, descubrimos que, efectivamente, para conseguir un visado de 60 días, tienes que presentar los billetes de entrada y salida al país, la reserva de 3 noches de hotel, además de algún papeleo más. Y eso era algo que nosotros en ese momento no teníamos. Pero, finalmente, la amable empleada de la embajada nos explicó, que al llegar a Indonesia, el visado que te dan es válido para 30 días, pero que después, puedes hacer una extensión de otros 30 días en las ciudades principales. Pues nada, caso resuelto. Ya haremos las gestiones pertinentes en el mismo centro de Indonesia.
Después de la embajada, bajamos por la famosa Orchad Road. El auténtico paraíso para afilar la tarjeta de crédito y buscarte la ruina! Nunca habíamos visto tanta concentración de tiendas y centros comerciales. Esta gente está loca por las compras pero, cuando decimos loca, lo decimos en el sentido más clinico de la palabra. Resulta obsceno en estos tiempos que corren. Hemos de reconocer una cosa. Con los casi 40 grados que había en la calle, aprovechábamos los centros comerciales para tomar el fresco, como los jubilados.
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A pesar de este exceso desmedido de tiendas y más tiendas, la ciudad tiene rincones muy agradables. No sabemos muy bien si por ser Agosto, la ciudad está más tranquila pero, la verdad, puedes pasear relajadamente, no vimos grandes aglomeraciones de gente, y el tráfico es bastante fluído. Eso si, los precios.. madre mía!!! Se acabó el chollo del Sudeste asiático. La moneda es el dólar singapurense o singapuriano (como se diga) y el cambio 1 euro = 1.54 dólares. Aún así, comparando con los países de alrededor, es caro, carísimo!
Para los amantes de la arquitectura moderna, esta ciudad bien merece una visita. La zona de Marina Bay es bastante impresionante. Está el famoso hotel compuesto por 3 imponentes edificios y unidos entre sí por el Sky Park. Y debajo hay un centro comercial con canales, como en Venecia, con góndolas y gondoleros. Pero eso si, las tiendas son de mira y no toques. Paseamos por el Youth Olympic Park, un interesante parque con rincones muy curiosos llenos de esculturas de piedra, y toda la flora típica de la zona.
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Pero la pateada había sido larga, y las fuerzas comenzaban a escasear, así que, de vuelta a Geyland para cenar y dormir. Nos pasó una cosa curiosa de camino al hotel. Nos compramos unos refrigerios y nos los fuímos tomando en el vagón del metro. De repente, se nos acerca una chica occidental y nos advierte, que está terminantemente prohibido comer o beber dentro de la líneas de metro, y que son bastante estrictos con las normas. De hecho, nos señaló un cartel donde, efectivamente, ponía toda una retaíla de prohibiciones con sus correspondientes multas al lado. 500 dólares de multa por comer y 500 dólares de multa por beber. Te sale la merienda a precio de mariscada! Le agradecimos el gesto a esta chica y nos guardamos nuestras viandas para la salida.
Ya habíamos leído algo sobre el tema, y sí que es cierto que en Singapur tienen una leyes muy estrictas. De hecho sigue vigente la pena de muerte para los traficantes de droga. Pero lo que, sin duda, nos dejó helados fue unos anuncios que vimos en los monitores de los andenes de metro. Mostraba cómo un chico con una mochila se metía en un vagón, dejaba la mochila debajo del asiento, salía y con un teléfono móvil activaba el detonador. Y a continuación, mostraba imágenes reales de los atentados del 11-M de Madrid y los que hubo en Londres. Como coletilla del anuncio, animaba a los usuarios del metro a estar alerta y avisar de cualquier comportamiento extraño a la policía. Muy "heavy", la verdad. Es como si en el avión te ponen la película del 11-S. Se te queda el cuerpo un poco descompuesto. Pero bueno, también hay que decir que es un país muy seguro, y donde se respetan muchísimos los espacios públicos. El chicle está prohibido porque ensucia las aceras. Otra cosa que está prohibida comer en muchos edificios y hoteles de Singapur es el Durian. Es una fruta que tiene un olor muy fuerte (decimos olor fuerte cuando realmente lo que queremos decir es que huele a huevos podridos), pero que es muy consumido tanto en Tailandia, como en Malasia e Indonesia. Aquí debajo podéis ver un mercado de durians.
Ya habíamos leído algo sobre el tema, y sí que es cierto que en Singapur tienen una leyes muy estrictas. De hecho sigue vigente la pena de muerte para los traficantes de droga. Pero lo que, sin duda, nos dejó helados fue unos anuncios que vimos en los monitores de los andenes de metro. Mostraba cómo un chico con una mochila se metía en un vagón, dejaba la mochila debajo del asiento, salía y con un teléfono móvil activaba el detonador. Y a continuación, mostraba imágenes reales de los atentados del 11-M de Madrid y los que hubo en Londres. Como coletilla del anuncio, animaba a los usuarios del metro a estar alerta y avisar de cualquier comportamiento extraño a la policía. Muy "heavy", la verdad. Es como si en el avión te ponen la película del 11-S. Se te queda el cuerpo un poco descompuesto. Pero bueno, también hay que decir que es un país muy seguro, y donde se respetan muchísimos los espacios públicos. El chicle está prohibido porque ensucia las aceras. Otra cosa que está prohibida comer en muchos edificios y hoteles de Singapur es el Durian. Es una fruta que tiene un olor muy fuerte (decimos olor fuerte cuando realmente lo que queremos decir es que huele a huevos podridos), pero que es muy consumido tanto en Tailandia, como en Malasia e Indonesia. Aquí debajo podéis ver un mercado de durians.
Al día siguiente, plano en mano, botella de agua, cámara en ristre y dispuestos a sudar de nuevo la camiseta, decidimos seguir explorando la gran ciudad. Fuímos a Chinatown, lleno de pequeñas tiendas donde puedes encontrar antigüedades, ropa falsificada e infinidad de cosas comestibles bastante difíciles de identificar o ponerles nombre. Los edificios bajos que conforman el barrio están bastante bien conservados y contrastan con los rascacielos.
Después, a por Little India, lo mismo que antes pero a lo Indio. La verdad es que de pequeña no tiene nada. Tiene decenas de sitios donde degustar un buen curry o unos buenos tandoris.
Una cosa muy sorprendente es que en Singapur hemos visto la mayor concentración de gente occidental de todos los sitios en los que hemos estado hasta ahora. Se nota que hay mucha gente trabajando aquí. Otra cosa que nos contaron es que muchos mochileros aprovechan su paso por Singapur para trabajar temporalmente como camarero, o lo que sea, para conseguir algo de dinero y continuar su viaje. Seguimos con nuestros largos paseos, sudando la gota gorda. Entre la dieta a base de arroz y las sudadas no hay manera de coger un kilo. Y a continuación, bajamos ya de noche a contemplar el "sky line" nocturno en Boat Quay y en Clarke Bay. Sitio muy agradable por la noche, lleno de restaurantes que dan a la bahía y con mucha vida nocturna.
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Después de 2 ajetreados días por la ciudad, necesitábamos un respiro de tanto edificio y tanta tienda, así que, decidimos visitar al día siguiente el jardín botánico de Singapur. Todo un pulmón de la ciudad donde resguardarte del calor sofocante. El parque es bastante grande y tranquilo, con grandes paseos y pequeños lagos donde las familias se reúnen los fines de semana para tener un típico día de campo. Dentro del parque hay un museo de orquídeas muy interesante. Aquí os dejamos todo un reportaje para los amantes de la botánica (igual es un poco moñas, pero es que este capítulo nos ha salido así). Cuidado los alérgicos!
Y poco más. Es que, esto es lo que es, una cuidad-estado, que con 3 días te la pateas, además, que por sus precios tampoco invita a quedarse mucho más. Compramos un par de billetes baratos para Sumatra, concretamente a la zona norte, Medan. Y como no, de nuevo incidencias con el vuelo. Al levantarnos por la mañana, antes de ir al aeropuerto, recibimos un mensaje por el móvil informándonos de que nuestro vuelo se retrasaba más de 6 horas. Total, que de salir a las 17:30 salíamos a las 23:30. Pues nada, a pasar el día en el aeropuerto. Eso sí, ¡qué aeropuerto! Majestuoso. En cada baño podías comer en el suelo. Internet gratis, tumbonas, televisiones con asientos para ver los deportes, tiendas y más tiendas. Había hasta un piano de cola, donde una pianista tocaba en directo amenizando a los viajeros. Así da gusto tener retrasos!
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Aquí os dejamos un popurrí de fotos, desde bicis ferrari, bares donde regalan las tapas, indicaciones de cómo colocarse al entrar en los vagones de metro...
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Y, por fin, llegamos a Indonesia.. pero esto amigos, será en el próximo capitulo de Carretera y Mosquitera. Aún así, os dejamos un pequeño avance de la siguiente aventura..
Capitulo siguiente. Indonesia. Norte de Sumatra.
























































































