Amanece en Katmandú, muy temprano, antes de las 6. Nos disponemos a tomar nuestro primer desayuno en el Hotel Peak Point, situado en Thamel (la zona turística por excelencia de la ciudad). Desayuno continental, tortilla francesa, 2 tostadas con escasa mantequilla y mermelada y un black tea, sin grandes lujos pero rico, y suficiente para emprender la marcha. Nos comentan los chicos del hotel que hay una huelga general. Aquí Huelga General, significa eso, que no hay nada abierto, que el transporte público y privado está cerrado a cal y canto y que no pueden circular ni las bicicletas. Decidimos entonces ir hacía la plaza Durbar, al sur de la ciudad. He de reconocer que el camino de Thamel a Durbar nos dejó un tanto desolados. Si bien era huelga y no había casi nadie por la calle , lo poco que vimos resultaba un tanto impactante para nuestros ojos. Pudimos ver miseria, basura por las calles, pero no vimos tristeza, al contrario, había un ambiente como festivo. La gente jugaba en la calle al fútbol, al bádminton, al cricket. Muchos niños jugando al fútbol con camisetas de la selección. (Antes se llevaba la de brasil, ahora se lleva la nuestra). Y llegamos a la plaza Durbar. Está compuesta por un conjunto de templos alrededor del Palacio Real.


Lo que me encantó de este hombre además de su simpatía y su gracioso español, fue su estilismo, esa coleta a lo jarrai pero con su toque étnico. No en serio, fue encantador y un gran conocedor de España y además su charla fue muy graciosa y agradable. La plaza Durbar de Patán es espectacular. También protegida por la Unesco es un sitio muy recomendable para visitarlo de forma tranquila.
Dimos un paseo y a mi me empezó a preocupar si íbamos a ser capaces de encontrar algún sitio abierto en el que poder al menos comer, ya que por todos los sitios por los que pasábamos estaba todo chapado a cal y canto. Dimos la vuelta y volvimos a Thamel y buscando y rebuscando, en un callejón, una puerta medio abierta, un par de guiris con un plato comiendo y allá que fuimos. Resulto ser un oasis en medio de la ciudad, una terraza ajardinada con un ambiente muy agradable y decidimos hacerlo nuestro cuartel general. Café Nueva Orleans. Desde aquí parte de este blog ha sido escrito.
El segundo día nos dirigimos a la Stupa de Swoyambhunath (No, no tengo un polvorón en la boca, ni ha pasado un gato por el teclado, se dice así :"Swoyambhunath". ). Con nuestro plano vamos caminando adentrándonos por los barrios periféricos de la ciudad. Esto de andar te hace asimilar a la justa velocidad la información que te vas encontrando. Cuánto diferente, formas de vida que en España se verían hace 70 y 80 años, pero eso sí , aquí todo el mundo tiene móvil y hay wifi por todos lados. Pero igual te encuentras a una vaca en medio de la calle, un hombre quemando basura, un edificio imponente al lado de unas chabolas derruídas. En esta ciudad no hay guetos, todo está azarosamente mezclado. Cruzamos el río Bagmati y comenzamos a subir hacia el Templo de los monos que es como se le conoce a esta Stupa. Un detalle que a Maribel, por lo visto, se le pasó por alto contarme es que para acceder a la stupa dichosa, había que subir una fila de escaleras de dimensiones desproporcionadas.
Creo que hacía mucho tiempo que no sudábamos de esa manera, puerto de montaña de categoría especial. Durante el tramo de escaleras puedes ver a artesanos trabajando a la vez que vendiendo, y los monos revoloteando alrededor.
Precio para entrar en la stupa (sólo turistas: 200 rps). Las vistas desde arriba son espectaculares, puedes contemplar toda la ciudad y la stupa es muy bonita, la verdad.
Los ojos de Buda pintados en esta stupa son en los que me basé (yo, Maribel) para hacerme el tattoo de los pies que ya todos conocéis.
La Stupa de Bodhnath.
La huelga continua, el desayuno el de siempre y la decisión, la misma. Nos disponíamos a ir hacia el oeste de la ciudad (Unos 6 km) hacia la stupa de Bodhnath. Igual que hemos descrito anteriormente tenemos una buena radiografía de como se vive en Katmandu gracias a estas largas caminatas. A pesar de los barrios tan pobres por los que pasamos, la sensación de seguridad es plena. Es más, es casi mayor la sensación de seguridad aquí, que en Madrid o Barcelona, o que en cualquier otra capital del "primer mundo".Nos fuimos encontrando manifestaciones por el camino. La stupa es una de las más grandes del mundo y curiosamente tampoco vimos a demasiados turistas.
Debe ser que lo de tener que andar echa atrás a más de uno. El caso es que al final sí que vimos algunos autobuses sólo para turistas que circulaban. Pero nosotros tenemos que amortizar las botas, así que de vuelta para Thamel y a comer. Se me ocurre pedirme unos tallarines nepalíes. En cada lado del plato un montoncito de sal, un montoncito de una cosa roja, un montoncito de otra cosa amarilla. Yo empiezo a remover ahí todo, sin probar que era cada cosa de cada montoncito y "pa" dentro. Se me quemaron las pestañas del picante. Tallarines al Uranio Enriquecido. Por donde salía el aliento nunca más volvió a crecer hierba. Digamos que, de momento, el estomago aguantó, pero parece ser que a los intestinos ya no les hizo tanta gracia. Y desde este instante me iba dejando un poco de vida en el retrete. Vamos a ver, esto lo sabía yo desde el principio. Tema diarrea estaba más que asumido. Lo que no sabía era que iba a ser tan pronto. Menos mal que tenemos el súper botiquín atómico (Gracias de nuevo Vero) y estrené el fortasec y el suero. Así que menú del día, Suero con Arroz Blanco para llevar por favor, uhmm que rico! (Y los tenedores??) (Con el tapón de la botella de agua a modo de cuchara, a lo McGiver)
Hoy no hay huelga!!!
Habíamos pensado en ir a Bhaktapur, una ciudad medieval que hay a unos 15km. de Kathmandú pero después de probar en varias estaciones, vimos los autobuses atestados de gente, de pié, sentados, arriba, abajo.., en serio.., increíble!! De media unos 35ºC y Carlos no en las mejores condiciones decidimos que esa aventura, de momento, no la íbamos a vivir.. Así que, nos fuimos a Patán. No creáis, todo un alarde de valentía en caso de Carlos y de inconsciencia en el mío, el hecho de ir andando. Pues eso, que como ya no había huelga recorrimos las calles de Kathmandú en todo su esplendor. Permitidme que me ría del tráfico en Madrid. El camino desde Thamel hacía Patán es de más o menos 5.1 km, pero os juro que nunca, en nuestras dos vidas, habíamos experimentado semejante vivencia. El tráfico no es horrible, es lo siguiente. Motos, coches y camiones tocando el claxon 100 veces por minuto.
En este país sin claxon no puedes conducir. Y la polución es tremenda, nos tuvimos que comprar unas mascarillas para poder andar por las avenidas más concurridas de tráfico porque no había dios, alá o buda que lo respirase. Pero a pesar del camino, el destino merece mucho la pena. Eso si, al entrar por la puerta de la ciudad, 2 señoritas metidas en un kiosco, gritaron un Excuse me!!! para que les pagáramos la gallina de la entrada a la ciudad. 500 rupias por barba, esperemos que empleen el dinero en proteger lo que tienen que es impresionante, la verdad. Nos perdimos por las calles de Patán, y al final aparecimos en la majestuosa plaza. Un hombrecillo intentó vendernos un cuenco tibetano, y con nuestra sonrisa habitual le dijimos, No thank you, por lo que automáticamente nos preguntó que de donde veníamos. Al contestarle que de España, el hombre comenzó a hablar en castellano (vale, un poco rudimentario pero suficiente para mantener una conversación). Nos contó un poco acerca de los templos, nos contó que estuvo en España en el 92 cuando las olimpiadas y nos contó además la visita que hizo el rey a Nepal hace lo menos 10 años.


Lo que me encantó de este hombre además de su simpatía y su gracioso español, fue su estilismo, esa coleta a lo jarrai pero con su toque étnico. No en serio, fue encantador y un gran conocedor de España y además su charla fue muy graciosa y agradable. La plaza Durbar de Patán es espectacular. También protegida por la Unesco es un sitio muy recomendable para visitarlo de forma tranquila.
Pues visto Patán.., de vuelta a Kathmandú y, de nuevo.., a pié y más de lo mismo… El paseo fue duro, la verdad, pero menos que hacerlo en otro medio de transporte.Para despedirnos de Kathmandú tuvimos la suerte de cenar escuchando una jam session con gente muy buena tocando desde la flauta, timbales, guitarra acústica, bajo, didjeridoo y un instrumento nepalí que no sé cómo se llama. Es como un violín pero te lo pones en el pecho no en la barbilla. Bueno, seguro que alguna vez lo habréis oído. Fue genial. Nos encantaron!! 

Y.., prontito a dormir que a las 6:30a.m teníamos que estar en la parada del autobús que nos llevara a Pokhara!!!!
Cosas que nos ha dejado Kathmandú: trafico horrible, bastante polución, bellos lugares y gente maravillosa. Los chicos y las chicas van de la mano o abrazados y no tiene ninguna connotación. Y que una de las 4 cervezas que se pueden beber en el país es San Miguel.
Una ciudad que desde luego no te deja indiferente.









