Sí, lo reconocemos. Somos unos
vagos absolutos. Os hemos abandonado malamente y no hemos cumplido con nuestro
deber de seguir escribiendo. Pero es que en nuestras actuales circunstancias,
se ha hecho muy difícil encontrar tiempo. Pero vamos a hacer como si el tiempo
no hubiera pasado para continuar las aventuras...
Y desde Australia, nuestro
siguiente objetivo natural hubiese sido Nueva Zelanda. La tierra en las antípodas de nuestra España, los paisajes del señor de los anillos, la Suiza Oceánica. Pero teníamos que
analizar varios factores. El primero, la climatología. Habíamos pasado bastante
frío en Australia ya que nos pilló el inicio de la primavera. Además en una
furgoneta se nota y se sufre más las inclemencias meteorológicas. Nuestros
cuerpos son tropicales. Nueva Zelanda está más al sur, es decir, más cerca de
la Antártida, que no se caracteriza precisamente por su clima tropical. Otro de
los factores a tener en cuenta es que en estas fechas ya teníamos fecha de
regreso. Y la fecha de regreso eran las navidades, ya que sobre el día 8 de
Enero había que enfundarse de nuevo con la corbata y el portátil para ayudar a
España a salir de la crisis, y empezar a ahorrar para el siguiente viaje. Había que decidir, aunque la decisión no era
fácil. Y la balanza cayó del lado Vietnamita. Miramos un poco sobre el tema del
visado en Vietnam, y así de pasada leímos entre líneas algo así como que el Visado nos lo daban a
la llegada. Así que nos relajamos, compramos un billete hacía Hanoi, con escala en Kuala Lumpur y, quemamos los últimos cartuchos en Sydney.
Llegó la mañana de emprender el
viaje. Cogimos una furgoneta compartida para ir al aeropuerto y llegamos a los
mostradores. Esta vez parecía que la cosa pintaba tranquila, pero ya conocéis
nuestras aventuras aeroportuarias. Tranquilos amigos que tendréis vuestra
dosis. Al llegar a facturar, nos pregunta una amable azafata de mediana edad si
disponemos de nuestra carta para viajar a Vietnam. "Carta? Qué carta?" Nos
miramos con la fe de que alguno de los dos sacara una carta, pero de la manga. Pero
no se trataba de naipes. La mujer nos explica que para entrar en Vietnam necesitamos previamente solicitar una carta para acceder al país, previo pago de unos 25 dólares por cabeza. Que se puede solicitar por Internet
y que suelen tardar unos 2 días en gestionarlo. Pero que sin esta maldita
carta, no podemos viajar. Los ojos se abrieron como platos, el pulso se aceleró
y llenos de resignación le preguntamos qué podíamos hacer. La mujer parecía
más afectada que nosotros, la verdad. Nos dijo que podíamos volar a Kuala
Lumpur (lo cual era un gesto, ya que entonces solo perdíamos un cuarto del
billete) y que desde allí lo podríamos gestionar. El problema era que durante
el fin de semana no trabajan en las embajadas y la idea de quedarnos en Kuala
Lumpur 4 días como que no nos gustaba demasiado. Pero en fin, ya decidiríamos
allí que hacer. Pasamos los
controles y nos tomamos con buen humor nuestra cagada fronteriza. Parece
mentira que después de 6 meses viajando nos pasen estas cosas. Pero nuestras mentes se habían relajado tanto, que habíamos bajado demasiado la guardia. Así
que, con nuestra habitual manera de tomarnos las cosas, nos reímos un rato y
emprendimos el vuelo hacia Malasia. Lo que íbamos barruntando en nuestras
cabezas era que Kuala Lumpur es una ciudad muy cara y que, sinceramente, no se
merecía una segunda visita. Yo prefería mil veces continuar hacía Bangkok y
desde allí solucionar las gestiones. Primero porque es más barato, segundo
porque es más divertida. Tercero, porque en nuestros planes de fin de viaje
estaba la idea de ir a la parte norte de Tailandia, a la cual no habíamos ido
aún. Así que hicimos una reorganización y decidimos que al llegar a Kuala
Lumpur buscaríamos un vuelo, lo más barato posible para volar a Bangkok. Dicho
y hecho. Llegamos a Bangkok a las 11 de la noche con una borrachera de jet lag que no sabíamos ni hablar. Menos mal que ya íbamos a tiro hecho, directos a Kao Shan Road y era como llegar a casa. Mismo hotel, mismo garito donde cenar y cayeron unas cuantas cervezas Chang para acabar en la cama medio esnucado. Menudo día de viaje. Y al día siguiente decidimos
visitar la zona del río, cosa que también se nos había quedado en el tintero la vez anterior. Nada mejor que coger el ferry local e ir sin rumbo.
Las vistas de la ciudad son estupendas y se aprecia con detalle también las
enormes desigualdades. Edificios fastuosos, centros comerciales gigantes, lujosos
hoteles, salpimentados con chabolas y casas flotantes entre medias.
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| Skyline the Bangkok |
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| Ferry Local |
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Aprovechamos
para tener nuestros momentos de belleza personal, cortes de pelo, masajes en
pies y espalda, saborear los fabulosos Pad-Tai callejeros y degustar las
fortísimas cervezas Chang. Además, aprovechamos para visitar el mercado de Chatuchak y acabar mareados entre tanto puesto.
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| DJ femenina ambientando el mercado |
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| Paella Nacional. Estaba hasta la bandera! |
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| Mercado de Chatuchak |
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| Fashion victim. |
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Después de este improvisado fin de semana en
Bangkok decidimos ir hacía Chiang Mai en tren. Así que nos presentamos en la
estación de Hua Lamp Pong para comprar los billetes del tren nocturno y poder dormir en
las literas. Pero al llegar nos dicen que no queda ni una sola plaza. Qué duro
es esto de ser viajero. Cuántas incidencias! Que más nos puede pasar! Lo bueno de Tailandia es que siempre hay un plan B. Los propios
empleados de la compañía de tren te llevan de la manita hacía la agencia que, "casualmente", tiene autobuses hacia el lugar que quieras. Allí negociamos el
precio y ellos se encargaban del resto. Nos tocó esperar unas cuantas horas en
la estación hasta que vinieron a buscarnos para llevarnos a la estación de
autobuses. Esperábamos dormir apaciblemente y llegar llenos de energía al
destino. Pero amigos lectores, las incidencias no iban a acabar aquí. Menudo
viajecito! La madre del cordero de todos los viajes de autobús que habíamos
hecho hasta ahora! Directamente a la lista de grandes éxitos. Al principio no pintaba mal. Los
asientos eran cómodos y amplios. Disponíamos de mantas para no morir de
pulmonía debido a la extraña manía que tienen los asiáticos de poner los aires
acondicionados a su enésima potencia. Nos dieron un tentempié, y carretera y
manta (literal, no es por abusar del refranero). Pero al cabo de un par de
horas, se oye un extraño y monótono ruido en la parte izquierda de las ruedas
traseras del autobús. El conductor intentaba sin éxito buscar un taller
abierto. Eran más de las 12 de la noche. Y después de tres intentos con parada
incluida, por fin despertó a unos mecánicos que accedieron a revisar la avería.
Después de desmontar las ruedas traseras, allí los colegas no se ponían de
acuerdo, pero lo que era seguro por la cara del conductor, era que el viaje no
podía continuar. A todo esto ninguno de los de la “tripulación” hablaba inglés,
y la información como podéis imaginar era nula. Lo que hicieron fue
parar en una gasolinera, apagar las luces y todo dios a sobar. Y a eso de las 6
de la mañana, apareció un nuevo autobús, comenzó una actividad frenética que consistía en hacer el transvase de equipaje de un autobús a otro y continuamos el viajecito. Se suponía
que si todo hubiese ido bien , hubiéramos llegado a Chiang Mai sobre las 8 de
la mañana. Llegamos sobre las 2 de la tarde, con un calor infernal y con una
muy buena caraja. Pero la ciudad nos encantó nada más llegar.
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| Chiang Mai |
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| Back Packer de Chiang Mai |
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Es una ciudad con
historia, sin muchos edificios altos. Después de instalarnos en el hotel que
previamente habíamos reservado, nos dimos un paseo por la ciudad vieja que está rodeada por una gran muralla. Tienes todo lo que puedes encontrar en Bangkok
pero de forma mucho más ordenada. Nada de caos, este lugar te invita a pasear.
Muy agradable, muy recomendable. Además tiene más o menos el mismo número de
templos que Bangkok, a pesar de que es muchísimo más pequeña. Por la noche,
decidimos ir a visitar su famoso Mercado Nocturno (Night Market) muy
bullicioso, donde puedes encontrar absolutamente de todo, desde joyas, pieles,
ropa falsificada, amuletos varios, fanfarrias por doquier, y todo tipo de
gastronomía de cualquier lugar.
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| Chiringuitos nocturnos |
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| Night Market. |
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| Garitos y su fauna. |
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| Mas Night Market. |
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| Colaboraciones culinarias germano-españolas. |
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| Night Market. |
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Imaginamos que estos mercados surgirían para evitar el
sofocante calor que hace durante el día. Y es una muy buena idea, con lo que en
España nos gusta la noche, no se como no se nos ha ocurrido a nosotros.
Al día siguiente decidimos hacer
la ruta de los templos. Tienes para hincharte a ver templos. Venga dorado y rojo! Y venga
Budas, cada cual más grande y dorado!
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| Templo budista 1. |
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| Templo budista 2. |
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| Templo budista N. |
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| Túnicas de los monjes budistas. |
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Una cosa que queríamos hacer antes de volver a España
era aprender algo de gastronomía asiática. Y que mejor sitio que Chiang Mai.
Tienes una gran amplia oferta de escuelas de cocina, en las cuales por un
módico precio, aprendes las bases. Nos apuntamos a uno. Y nos fueron a recoger
por la mañana. Al llegar, nos explicaron un poco en que consistiría el curso y
nos llevaron a visitar el mercado local. Esta actividad es perfecta si quieres
conocer gente. Éramos un grupo de lo más variopinto, con americanos,
singapureses, koreanos, holandeses, finlandeses, australianos, franceses y
además de todas las edades. Pones a punto tu inglés con 12 acentos diferentes
en el mismo día. Y además, aderezado por el aroma del curry.
Al llegar al mercado, toda una
explosión de color y de olores te estallan al llegar. Es todo un espectáculo.
Una variedad de ingredientes que en tu vida has visto. Verduras y especias
desconocidas. Afortunadamente nuestra chef-profesora nos fue explicando uno a
uno los ingredientes fundamentales, su proceso de elaboración, y su uso. Desde
la pasta de curry que la venden ya preparada, hasta como hacen la leche de
coco, o los aceites que suelen usar. Verduras especificas de Tailandia, y hierbas
aromáticas que dan ese toque tan especial a la comida.
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| Woks en la escuela de cocina. |
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| De camino al mercado como si fuéramos ganado. |
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| Mercado Local de Chiang Mai. |
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| Nuestra profe dando explicaciones in situ. |
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| Aceites y Leche de coco. |
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| Guindillas que te queman las pestañas. |
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| Master sobre veduras. |
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| Pastas de curry ya elaboradas. |
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| Maribel y sus compras. Menuda fiesta verduril nos vamos a dar. |
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Nos perdimos entre los
puestos y nos gustó mucho el ambiente. Como los mercados antigüos, no tan
asépticos y fríos como los de ahora, donde todo esta pulcramente empaquetado en
bandejas de polispan y con doble capa de plástico. Cargados con nuestras cestas
de la compra nos volvimos al centro para aprender a cocinar los
platos. Nos habían dado a elegir entre una gran variedad, y para abarcar lo
máximo posible entre Maribel y yo, nos repartimos las recetas. Por mi parte iba
a ser Arroz Frito, Pollo con Anacardos, Panang Curry, Rollitos de primavera y
de postre un puding de arroz negro. Maribel se quedó con la piedra angular de
la gastronomía Tailandesa, el Pad-Tai, Pollo al Curry verde, rollitos
y de postre arroz glutinoso con mango. Todo nos quedó muy profesional. Y lo
bueno además es que te comías todo lo que cocinabas. Al final , nos dieron
nuestro diploma, para que luego digáis que el viaje no nos va a servir para
nada. A mal que se dé , podremos ponernos a vender arroz frito por las esquinas
de la Gran Vía.
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| Compañeros de Master Chef. |
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| Arroz frito al estilo Tai. |
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| Auténtico Pad Tai. |
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| Panang Curry. |
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| Concentración máxima. Esta en juego el pase a la final. |
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| Con las manos en la masa. |
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| Pollo al Curry Verde con Arroz. |
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| Rollitos primaverales. |
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Al otro día, alquilamos una moto
y a subir la montañota. Arriba del todo además de unas espectaculares vistas de
la ciudad, se encuentra el templo más famoso. Manía de hacer los templos en las
cimas más altas! Que les costará hacerlos en sitios más llanos. No, no.
Tienes que subir doscientas cincuenta mil escaleras para llegar. Así están los
jodíos de los monjes, delgados como sílfides.
Después nos adentramos por un
parque natural con la moto y cuando vimos que nos íbamos a perder, deshicimos
lo andado y a disfrutar con la bajada de la montaña. Preciosa carretera para
disfrutar con la melena al viento, el que la tenga (la melena digo).
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| Stairway to heaven. |
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| Panorámica de Chiang Mai. |
Ya teníamos en nuestro poder la
famosa “cartita” del gobierno vietnamita para poder entrar de forma legal en su
país. Habíamos barajado la opción de subir hacía Laos, cruzar hacía Camboya, y recorrer
Vietnam hacía el norte. Al final decidimos bajar de nuevo a Bangkok y volar
desde allí hasta Hanoi. Pero esta vez no quisimos tentar a la suerte y bajamos
en tren desde Chiang Mai hasta Bangkok. Mucho más seguro y cómodo. Y hasta aquí el antepenúltimo episodio. Nos
quedan un par de ellos. Esperemos que no pasen otros 3 meses antes de que
publiquemos.
Para los créditos ahí va el batiburrillo de fotos varías sin sentido.
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| Pirañas carnivoras devora callos |
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| Boquerones al roquefort. |
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| Terminamos con el postre. Arroz glutinoso con mango y puding de arroz negro. |